Blues del gentilhombre
by con el viento en las velas
Smoking, drinking,
never thinking of tomorrow
Ella Fitzgerald
La noche fue ayer un ejemplo excelente de encuentro
propicio y bien empleado.
Se lo merecían el cuerpo y la ocasión,
un modo impreciso y casual como todos de conocerse.
Amanece. Bien sabemos todos
que no siempre es poderoso quien duerme al lado
al día siguiente. En cambio tú
pareces hecho a propósito, capaz de ser
más aún, de noches todavía mejores,
distintas de ésta
que hemos gastado en gruesas raciones.
Por eso ninguno merece este revuelo
amanecido en los corredores del día,
esta turba infame de ave diurnas: gorriones bulliciosos,
golondrinas enajenadas, alfombras aventadas
y los helicópteros de la OTAN uniéndose al estrépito.
Parece imposible que todos
se hayan despertado al mismo tiempo.
Acaso, por lo que sea, la simple irritación que provocan
encuentra en quien cebarse.
Tú, mientras, duermes todavía medio abrazado
a mí y a quién sabe qué más.
Quizá al día anterior…
Ignorantes el uno del otro,
presentados por conocidos comunes, un instante después
qué bien se aprovecharon los afortunados
minutos de seducción, los gestos
apurados del instinto, dejarse llevar
por avenidas y calles recién regadas,
quedarnos parados frente a un escaparate
manchados de luz de neón: tu cara roja,
la mía azul, nuestras manos amarillas
espantando las pelusas violáceas de los chopos.
Ya muy lejanos los ventiladores del café, su terraza
escalonada apenas iluminada por globos luminosos
y faroles, los vecinos de mesa intratables
y la viaja canción americana…
La noche templada, después de pagar,
más hermosa desde el portal,
se agita ahora mismo en la mirada tierna
a la que medio respondo
en el desayuno con café con leche, agua y cigarrillos.
Abre pues las ventanas y abre las puertas,
que la ciudad nos lleve en su pulso
y estar juntos sea
ir sonriendo como benditos radiantes por las calles
mientras los demás van con lo suyo,
como en una ficción cortada a la medida
exacta del momento,
de la luz que emana de tu cuerpo y el mío
cuando brillamos y nos reímos
por el simple hecho de tropezar y caer
el uno en el otro,
despreocupados y felices, dichosos
y perdidos, enmarañados en la risa de uno
y el silencio expectante del otro.